lunes, 27 de febrero de 2017

Lugares embrujados (o algo parecido) de España. 1. Ochate, la puerta al Infierno



El pueblo abandonado de Ochate se encuentra en el condado de Treviño, en Castilla y León, aunque físicamente está rodeado por tierras alavesas. Si tienen curiosidad por visitarlo, la manera más fácil de llegar a él es desde Vitoria-Gasteiz, que está sólo a 14 km. Dirijanse a San Vicentejo, oriéntense buscando la torre de la iglesia de San Miguel de Ochate... Y prepárense para dar un paseo, que los coches no pueden llegar hasta allí. Por cierto, que del pueblo en sí tampoco queda gran cosa: la torre de la iglesia,un par de ruinas de casas y, por los alrededores, los restos de la ermita de Burgondo. También hay una necrópolis con tumbas antropomorfas, en una de las cuales se acostó la Belén Esteban cuando hacía de investigadora paranormal, pásmense...
La primera referencia escrita de Ochate se encuentra en la "Nómina de San Millán" en el año 1025. El pueblo estuvo abandonado entre los siglos XIV y XV, se repobló en el XVI y se abandonó definitivamente en el siglo XIX, aunque fue ocupado ocasionalmente hasta los años 20-30 del siglo XX. De hecho, se dice que el pastor que ocupaba la última casa del pueblo apareció asesinado....

No es hasta enero de 1982 cuando el pueblo adquiere fama de lugar mágico. La culpa la tiene un artículo firmado por Prudencio Muguruza publicado en la revista "Mundo Desconocido". Desde entonces parece que Ochate se haya convertido en lugar de moda para los parapsicólogos... Es más, de un tiempo a esta parte, y gracias a la publicidad de Iker Jimenez... ¡parece que todo pasa allí, y no en ninguna otra parte!
En su artículo, y para empezar, Prudencio Muguruza dice que el pueblo había sido abandonado debido a tres epidemias consecutivas (de viruela en 1860, de tifus en 1864 y la última de cólera en 1870). Si así fue, las enfermedades se dieron sólo en el pueblo, que no consta que afectaran a los pueblos vecinos, ni de Álava, ni de Burgos.
Afirma también que el último cura que tuvo el pueblo, don Antonio Villegas, desapareció misteriosamente en 1868. Varios vecinos le vieron dirigirse a la cercana ermita de Burgondo... Nunca volvió, ni nadie le volvió a ver jamás.
También apunta que en 1947 se vieron extrañas e inexplicables luces por el pueblo. Que el paraje tiene fama de lugar maldito en toda la comarca, que de cuando en cuando desaparecen animales y gente, que a veces aparecen horas después... Y otras no. Que hubo al menos un caso de combustión espontánea, por parte de un pobre desgraciado cuyos restos fueron encontrados calcinados por las cercanías, sin que se sepa el cómo ni el porque. Que en 1980 se grabó una psicofonía donde se oye claramente la palabra " kanpora" (que, en euskera, quiere decir "¡fuera!").
Y para finalizar, el plato fuerte del artículo de Mugurza: en 1981, se fotografía en Ochate lo que, según supuestos expertos, no puede ser otra cosa que un OVNI. (La foto la tomó el mismo Mugurza, por cierto)

Desde entonces se han producido otros sucesos paranormales (o así se ha dicho):
Entre 1986 y 87 tuvieron lugar varios avistamientos paranormales, luces extrañas, ovnis, figuras fantasmales... En 1987 se suicida precisamente en esa zona un investigador paranormal, Alberto Fernández, que estaba obsesionado por el misterio del pueblo... (colegas suyos afirmaron haber visto luego su fantasma) y en ese mismo año dos compañías de carros blindados que estaban de maniobras por la zona desaparecieron más de cuatro horas. Segun la versión oficial se perdieron por la niebla (bastante espesa en la zona, la verdad).
Más recientemente un cámara aficionado, Mikel Colmenero, ha afirmado haberse topado con unos seres gigantes por las cercanías. No hay documento gráfico, lamentablemente... Al parecer la presencia de los seres estos escogorcia los aparatos eléctricos....
También se dice que se ve de cuando en cuando la aparición de una mujer que viste de negro, y que hay en la zona un manantial escondido de aguas mágicas, que algunos dicen que da la eterna juventud.... Pero son estos datos que no he podido contrastar, ni ponerle nombre o apellido a quien afirma tal cosa.
Para terminar, los hay que traducen Ochate, del euskera antiguo, por "puerta a los cielos". Portillo o paso alto, sería una mejor traducción.
Si quieren leer un estudio serio (y bastante menos fantasioso que todo lo anterior) les remito al libro "Ochate: Realidad y leyenda del pueblo maldito" escrito por Antonio Arroyo y Julio Corral y publicado por editorial Aguilar en el año 2007. Pero no me lo lean si persiguen sueños y misterios....
Porque puede que se me desilusionen.

Próxima entrega: Vallgorguina, lugar de Aquelarres.

domingo, 29 de enero de 2017

Los santos prohibidos: 7 (de 7) La beata Bernarda (la del coño)


En esta serie he tratado de ser riguroso, tanto con la tradición eclesiástica como con la versión histórica de las vidas de los diferentes mártires. En esta última, permítanme que me aparte un poco del dogma, y adopte una perspectiva más "ludus iocandi".

Todos hemos oído hablar del famoso “coño de la Bernarda”, en sus acepciones “Esto parece el coño de la Bernarda” o “Esto es como el coño de la Bernarda”. ¿Pero quién fue la famosa Bernarda?

Dicen unos que fue una prostituta sevillana, tan solicitada que su vagina no conoció descanso y sus piernas sólo volvieron a cerrarse ya en el ataúd, una vez difunta. Otros precisan más y dicen que la tal Bernarda fue prostituta que ejerció en Alhucemas, hacia el final de la Guerra del Rif. Las tropas españolas desembarcaron en septiembre de 1925, pero no recibieron orden de avanzar hacia el interior de Marruecos hasta primavera de 1926, entreteniendo la espera con numerosas prostitutas entre las que destacó por su buen hacer la famosa Bernarda.

Sin embargo, corre desde finales del siglo XVIII otra tradición que sitúa a la tal Bernarda en un contexto completamente diferente, no ya como prostituta pecadora sino como santera beata y digna de entrar en el santoral. Esta tradición es la que recogió Manuel Talens en su novela “La parábola de Carmen la Reina” (publicada en 1992).

Según esta tradición, la tal Bernarda ejercía como santera en el pueblo de Artefa (¿quizá Artafe, en las Alpujarras? Aunque otras leyendas relacionadas dicen que estaba el pueblo por Ciudad Real, cerca de Sierra Morena). Unos dicen que se dedicaba sólo a sanar animales, otros que también lo hacía con personas. Sea como fuera, sus curaciones eran muy milagrosas. Pues era, claro, muy religiosa, pese a ser hija de moriscos, algunos dicen que hija natural ¡del rey musulmán Abén Humeya! Que ni en las fechas se ponen de acuerdo las diferentes leyendas, que mientras unos dicen que vivió por el siglo XV, otros la sitúan cien años más tarde, en el XVI.

La santidad le venía a la buena mujer, pásmese, nada menos que de su reverendísimo coño, que según unos metió en él la mano entera san Isidro Labrador (la versión del siglo XV) y según otros el arcángel San Gabriel (la versión del siglo XVI). Y parte de la sanación que tan milagrosamente ejercía consistía en tocarle el santo coño, suponemos que con el dedo, o la mano, que la tradición no lo especifica... Y claro está, a su muerte quedó incorrupto (el coño), y las buenas gentes de Artefa lo metieron en relicario de oro y enviaron mandado al Arzobispo de Granada para que se iniciasen los trámites con Roma, para que la hiciera santa. Pero volvieron los emisarios con la siguiente respuesta:

Dicen los senyores teologos e dominicos desta Ecclesia de GRANADA que nunca oyóse en toda la christiandad, que el Senyor Papa gobierna, y Christo benedice, que nada bueno saliera del coño de una muller, a no ser el Senyor mesmo IesuChristo, de su Sancta Madre, con todo Virgen, e que por eso la devoçión popular del coño de la BERNARDA era cosa perniçiosa que devía ser desterrada, so pena de mandar la Inquisición a façer las pesquisas oportunas

Y ante tal cerrazón y con el lógico miedo a las pesquisas de la Santa Inquisición resolvió el cura del pueblo esconder la reliquia, a espera de tiempos más propicios para su veneración. Y ahí sigue.

Y es más, la relación de todos los hechos de la beata (y su coño) quedó escrita para la posteridad en la obrilla “Relación de las cosas verdaderas que acotescieron en Las Alpuxarras en lo que se refiere á una piadosa muller llamada la Bernarda, y al coño della, que fizo grandes milagros para la gloria eterna de Dios nuestro Senyor y de la Sancta Madre Ecclesia, escrita por el Licenciado Higinio Torregrosa, Cura Propio de la Ecclesia del Sancto Christo del Zapato desta ciudád de Artefa



Y queden ustedes con Dios... que al igual yo me he quedado con ustedes.


sábado, 31 de diciembre de 2016

Los santos prohibidos: 6 (de 7) San Foutin, el del falo.



Seguimos con otro santo francés “peculiar”. Les pongo en antecedentes:

Según la tradición, entre los años 87 y 177 vivió en Lugdunum (la actual Lyon) un tal Potino (Photinus en latín). Tuvo el honor de ser el primer obispo cristiano de la ciudad. Como ser cristiano no estaba muy de moda fue martirizado en tiempos de Marco Aurelio. Lo cierto es que martirizarlo poco, en comparación con otros: Como el hombre estaba muy yayo (90 años, en concreto) quedó fatal de la primera paliza que le dieron y murió a los dos días escasos de su encierro. Como prueba de su existencia y martirio se conserva una carta atribuida a San Ireneo (que lo sucedió en el cargo), dando las malas noticias, y que está recogida en la Historia eclesiástica de Eusebio de Cesarea (HE V, 1,1–4,2). Hasta aquí, fetén. Uno más, me dirán ustedes, que no anda precisamente escasa la Iglesia cristiana de mártires...

El problema está que, en francés medieval, “foutre” significa, literalmente, “joder”(en el francés actual se dice “baiser”, que es el infinitivo de besar, lo que ha dado lugar a más de una bofetada de turista escandalizada frente a españolito con problemas idiomáticos... aunque también ha dado lugar a reacciones gozosamente sorprendidas de oh la la que atrevidos son los españolos y todo eso). En catalán es raíz que se mantiene, así que si visitan mi ciudad posiblemente oirán un “no´ m fotis” que es absolutamente equivalente al castizo “no me jodas”

Bueno, sigamos. Por esta confusión lingüistica, al pobre y venerable Photinus, con el nombre de “Foutin” se le empezó a venerar como santo que “resucitaba” la virilidad perdida de los hombres. Se decía de él que ya en vida practicó muchos milagros en este sentido, y claro ¿acaso no iba a hacerlos después de muerto?

Había en Francia dos lugares de peregrinación para los seguidores del santo:

El monasterio franciscano de Les Cordeliers de Embrun, (Altos Alpes), albergaba a modo de reliquia nada menos que el falo momificado (y de considerable tamaño, por cierto) del santo. Sobre esta reliquia, muy milagrosa, se vertía vino en ocasiones especiales, se recogía de la bandeja y luego se vendía en pequeñas redomas como santa medicina contra la impotencia y la esterilidad masculina. El monasterio fue muy dañado en la Guerra de los Cien años (de hecho, hoy sólo queda la iglesia en pie, y aún muy restaurada) y la sagrada reliquia se perdió. Personalmente y por las descripciones pienso que sería el miembro viril de un caballo o burro, pero bueno, ya saben que soy un descreído.

Más importante era el santuario de Varages (Provenza), donde la devoción a san Foutin era tanta que los peticionarios colgaban cipotes de cera en su capilla, a modo de exvotos (no me atrevo a imaginar como lucía la iglesia durante la misa, que me entra la risa). El motivo de tanta devoción era una talla de madera del santo tenida por muy milagrosa: Gastaba un cipote erecto bastante considerable, y las feligesas, así disimuladamente, raspaban unas virutas del mismo para hacerselo tragar con vino a su marido y así resucitar su masculinidad. Por maravilla celestial por mucho que se raspara, el falo nunca menguaba.
No me busquen la talla en Varages, que se perdió durante la Revolución Francesa. Se conoce, eso sí, la explicación del “prodigio”: La talla estaba atravesada por un cilindro de madera a la altura de la entrepierna, y a medida que menguaba por delante le daban un martillazo por detrás para que volviera a crecer. Y cuando se acababa el cilindro, pues otro, que el bosque está lleno de madera. Sobre el origen de la talla ya entramos en el terreno de la especulación: Posiblemente una vieja estatua romana dedicada al dios Priapo, famoso por sus grandes.... atributos.

Próxima (y última) entrega: La beata Bernarda, (sí, la del coño).

jueves, 1 de diciembre de 2016

Los santos prohibidos: 5 (de 7) San Guinefort, (el perrosanto)




Fue fábula o cuentecillo que se hizo muy popular durante la Edad Media. Seguro que cuando se la cuente les sonará. Aunque ya circulaban versiones anteriores, vamos a quedarnos con la versión que puso por escrito Étienne de Bourbon (aunque le gustaba firmar como Stephanus de Borbone, muy pedante él). Este monje dominico e inquisidor fue entre 1223 y 1250 predicador general, cargo de cierta importancia gracias al cual recorrió buena parte de la Francia actual. Redactó un grueso volumen llamado “Tractatus de diversis materiis predicabilibus” (actualmente se encuentra en la Sorbona, por si tienen curiosidad. El fácil de reconocer: Lo tienen atado con cadenas para evitar su robo. Como los libros más peligrosos de cierta biblioteca....) El libro en cuestión pretende ser un catálogo de los errores de la fe, pero se queda en una recopilación de más de 3.000 relatos cortos, escritos con intención ejemplarizante, a menudo con moraleja, muy ameno para los que nos gustan estas cosas.

Según el relato Guinefort vive con su amo, el señor del castillo de Villars-les-Dombes. Éste tiene un niño de pocos meses, y Guinefort acostumbra pasar las tardes en la habitación donde está la cuna, custodiándolo (supongo que sale más barato que contratar una niñera). Un día que el señor se ha ausentado se encuentra al volver la cuna volcada, al niño que no aparece por parte alguna y el perro que viene a saludarle, alegre como hacen siempre los perros... con sangre en el hocico. Convencido de que Guinefort ha matado al niño saca la espada y lo atraviesa sin dudar. Entonces oye un llanto: El niño está escondido tras un tapiz, donde lo ha dejado el perro, y la sangre es de una víbora que se había colado en la habitación. El perro no era el asesino del niño... sino su salvador. Arrepentido vuelve ante el perro, que agoniza y que con sus últimas fuerzas mueve levemente la cola y le lame la mano. Todo muy perruno. Sea como fuere, el señor del castillo mandó que le hicieran una tumba de hombre, pues mejor que muchos hombres había sido, y pagó a juglares para que narraran su historia y fuera por todos conocida. Guinefort fue considerado un protector de niños, y su tumba un lugar de veneración, a la que el pueblo va en romería el 22 de agosto, día de su muerte según la tradición, a rogarle por la protección de sus hijos, sobre todo si son de corta edad. Ni que decir tiene que la cosa no acabó muy bien: La Iglesia consideró que esto de hacer mártir y santo a un perro era herejía de las gordas, así que destruyó la tumba, no sin antes desenterrar los restos del pobre perro y quemarlos, como sutil indirecta a quien continuase con esta tontería de culto.

No debieron los labriegos de la zona terminar de pillarlo, que están documentadas romerías al lugar donde se supone que estaba la tumba hasta 1930, en que se hizo la última. Por si tiene curiosidad la oración que hay que hacerle es:

Sant Guinefort, protégenos de los idiotas y de las serpientes malvadas

Amén.

Proxima entrega:: San Foutin. (el del falo)

jueves, 3 de noviembre de 2016

Los santos prohibidos.4 (de 7) San Cristóbal, el ganapán.



Según la tradición fue en vida un cananeo llamado Reprobus (según otros, Offerus), un gigante de más de dos metros de altura (cinco codos, dos metros treinta centímetros exactamente). No se me asombren por la altura, que el filisteo Goliat era aún más alto, seis codos y un palmo (2´90 metros, poca broma). Con menos datos los del canal Historia montan una serie sobre gigantes alienígenas... Mmmm (Señores del canal, pónganse en contacto conmigo como asesor, soy barato, guiño-guiño, codazo-codazo)
Bueno, a lo que íbamos. Reprobus (u Offerus, que tanto monta) quiso poner su enorme fuerza al servicio del rey más poderoso de la tierra. Al principio, el de su patria, Canaán. Pero al saber que le tenía miedo al Diablo pensó que éste sería un amo más poderoso, y se puso a servir a un brujo adorador del Maligno. El brujo cometió la indiscreción de confesarle que nada podía hacer contra Cristo y sus seguidores, así que el voluble gigante mudó de nuevo de lealtades y se acercó a un santo ermitaño, a que le instruyera sobre cómo servir a ese Cristo que era tan poderoso incluso después de muerto. El ermitaño le habló de ayuno y oración, pero al gigantón eso no le iba, así que le propuso servir a los demás de manera altruista. Sin duda eso agradaría al Hijo de Dios. Así que el futuro san Cristóbal se dedicó a ayudar a la gente a cruzar un peligroso río, tan profundo y de aguas tan turbulentas que muchos de los que lo intentaban morían ahogados.  Un día cruzó a un niño de pocos años, y le pareció la carga más pesada de todas, tanto que pese a su enorme fuerza tuvo que ayudarse desgajando un árbol y usándolo como cayado. Pues el niño no era otro que Cristo, y era tan pesado porque con él cargaba con todo el peso del mundo, ya que como Dios lo había creado... No me digan que no han oído la historia, pues es la parte más conocida de la leyenda del santo. El gigante se cambió el nombre a Cristóbal (en griego, "Christóforos" portador de Cristo), fue bautizado como tal en Antioquía y se puso a predicar por Licia (en  Asia Menor, actualmente la región corresponde a las provincias turcas de Antalya y Muğla). Esto no le hizo ninguna gracia al rey local, un tal Dagón, temeroso de enemistarse con la poderosa Roma y su política anti cristiana. Al principio trató de reconvertir al gigante llevándolo por el mal camino, y para ello hizo que le llevaran a dos rameras bellísimas y muy expertas en esto de darle gustito al cuerpo, Niceta y Aquilina que se llamaban. Pero el santurrón de Cristóbal no sólo no quiso saber nada de ellas a ese nivel, sino que las convirtió al cristianismo, al igual que estaba haciendo con buena parte de la población. Así que al rey Dagón no le quedo otra que cortar por lo sano y mandar cortarle la cabeza al gigantón (después de que cuatrocientos soldados le dispararan flechas sin matarle, menos broma) el 25 de julio (según los católicos, los ortodoxos dicen que no, que fue el 9 de mayo, y los mozárabes decían que ni unos ni otros, que el 10 de julio).

Históricamente se supone que vivió a mediados del siglo III o inicios del IV. La culpa la tiene una primitiva referencia que indica "que fue martirizado en tiempos del emperador Decian", con lo cual los candidatos son dos: Decio (Decius) que gobernó Roma entre 249 y 251 y Daciano (Dacianus) que lo hizo  entre 308 y 313. Historiadores más o menos serios apuntan a que en realidad se trata de un santo de rigurosa historicidad, Menas de Alejandría, que fue martirizado el 11 de noviembre del 309. Parte de sus seguidores le conocían como "el Christóforos", ya que les traía a Cristo (bueno, más bien su palabra)  ¿Y lo de cruzar el río con el Niño Jesús y tal y pascual? Bueno, como cuento es bonito, pero no muy original: En el mito del vellocino de oro el argonauta Jasón lleva a una anciana a través de un río tumultuoso. La anciana pesa bastante más de lo que debería ya que no es otra que la diosa Hera. Al revelar su verdadera identidad el héroe se pone al servicio de la diosa, evidentemente.




El culto a Cristóbal se inició en Oriente, no llegando a Europa occidental hasta la Baja Edad Media, y de hecho no entra en el santoral romano hasta 1550, pese a que su leyenda era de sobras conocida. Ese fue el motivo que señaló  el Vaticano para apearlo del santoral en 1970: se argumentó que la tradición del santo no era romana y que se había implantado de manera parcial (dejando así huérfanos de santo a los Cristóbales de este mundo, que son unos cuantos)

Es fácil reconocerlo en las representaciones iconográficas, ya que casi siempre es representado llevando un niño sobre el hombro, que es, evidentemente, el niño Jesús. En las escasas imágenes en las que no está por la faena, fíjense si la figura lleva una rueda de molino así, como si tal cosa, o el tronco de una palmera a modo de cayado. También (aunque ya es muy rarísimo) puede aparecer con la palma del martirio, pues mártir es. Hay tradición de representarlo en las iglesias cerca de la puerta lateral derecha. Lo apunta el bueno de Juan Eslava Galán y si el viejo profesor lo dice yo me lo creo.

Como protector que es de transportistas y viajeros en general (otro patronazgo que comparte con san Menas, que lo es en la tradición copta) es costumbre, o al menos lo fue muchos años, llevar una medallita del santo en el coche. Y en muchos lugares se bendice el coche (y, de hecho, todo vehículo con ruedas) el día de la festividad del santo. En mi ciudad, Barcelona, se hace antes, el 10 de julio, debido a la leyenda de que ese día el santo llega en barca y sube todas las Ramblas antes de desaparecer a la altura de la plaza Catalunya, con el niño Jesús a los hombros, evidentemente... Si tienen curiosidad, la ceremonia de bendición se realiza en la capilla de la calle Regomir, desde las 10 de la mañana hasta las 19.00. La tradición procede del año 1907, y es todo un espectáculo por la presencia de coches de época.

sábado, 1 de octubre de 2016

Los santos prohibidos. 3 (de 7). San Jorge, el del dragón.





Según la tradición Georgius de Capadocia era hijo de un romano, Geroncio,  y una hebrea, Policromía, que en secreto practicaba el cristianismo y que adoctrinó en la fe a su hijo. Georgius ingresó en el ejército romano e hizo carrera: Antes de cumplir treinta años era tribuno y comes, y posteriormente entró a formar parte de la guardia personal del emperador Diocleciano en Nicomedia. Cuando en el 303 el emperador promulga el edicto de persecución contra los cristianos Georgius se niega a acatar las órdenes, confesándose él mismo como seguidor de Cristo. Dicen que fue cocido con agua hirviendo y trinchado con una rueda dentada antes de ser decapitado el 23 de abril de ese mismo año  frente a las murallas de Nicomedia. Su cuerpo fue llevado a Lydda (hoy Lod, Israel) de donde era originaria su madre y donde fue enterrado en secreto.

Históricamente Jorge aparece en los textos en el siglo VI, como un mártir al que se rinde culto en la ciudad de Diospolis (el nombre que entonces tenía Lydda). Si van a la actual Lod aún encontrarán la iglesia de san Jorge, pero no se me hagan muchas ilusiones: la original fue destruida hacia el año 1010, y aunque fue reconstruida por los cruzados fue destruida de nuevo en 1191. El edificio actual data de 1872.

Jorge fue canonizado en el año 494 por el papa Gelasio I, y se mantuvo en los altares hasta 1969, en que el Vaticano declaró su culto apócrifo dando sopas con honda a todos los Jorges del mundo, que no son pocos. Fue santo patrón de la Corona de Aragón (por lo cual su culto es tan importante en Aragón, Catalunya, Baleares y Valencia), y aún lo es de Inglaterra, Alemania, Portugal, Lituania, Eslovenia, Serbia, Montenegro, Bulgaria, Grecia, Rusia  y Georgia (¿o de donde creen que le viene el nombre a este país?). Por lo que respecta a oficios, tampoco va muy a la zaga: Es patrono de los caballeros ( y por extensión, actualmente de la caballería, aunque hoy vayan en carros de combate en  lugar de caballos). También es patrono de agricultores (no se sorprendan, "Georgios" significa literalmente "hombre agricultor"),  prisioneros, herreros, gentes del circo, boy scouts, y seguro que me dejo alguno. Igualmente protege a los animales domésticos, es protector frente a las alimañas (en concreto, las serpientes), es invocado contra diferentes enfermedades (las enfermedades de la piel, el herpes, la peste, la lepra y la sífilis) y en los países eslavos contra el mal de ojo. Me aceptarán que para ser un santo que ya no es anda el pobre bastante ocupado...
Es bastante inconfundible: Se le representa con caballo blanco, vestido con armadura más o menos medieval, según el artista, matando el dragón de turno . Por la armadura y la actitud guerrera, se le podría confundir con el arcángel San Miguel, pero éste siempre es representado con alas, así que fíjense en el detalle. Y por lo del caballo blanco y la actitud guerrera algún despistado podría decir que es Santiago Matamoros, pero el aguerrido apóstol no luce armadura (ni falta que le hace) y lo que escabechina son paganos sarracenos, no un dragón escamado de esos.

¿Y lo del Dragón de donde viene? Las versiones más antiguas de esta leyenda datan del siglo IX, aunque en Europa se populariza a partir del siglo XIII, cuando el arzobispo de Génova Jacobo el de la Vorágine escribe su "Legenda Sanctorum", más conocido como "Legenda aurea". Siendo san Jorge patrón de su ciudad, se explayó con la épica historia de la batalla contra el dragón.

Dicen que en una ciudad pagana (muchos señalan como tal a Beirut, en el Líbano, donde oh sorpresa San Jorge es su patrón, otros dicen que era la ciudad de Silca, u otra ciudad innominada de Libia, pero bueno, tanto monta...) Pues eso, que en una ciudad pagana un dragón se instaló cerca del manantial que abastecía de agua a la ciudad. Se llegó a un acuerdo: Si los de la ciudad lo alimentaban dejaría que sacaran agua. Primero le entregaron ganado. Cuando este se acabó... Empezaron a entregarle personas, elegidas por macabro sorteo. Un día resultó elegida la hija del rey. Pero entonces llegó San Jorge, que se enfrentó al Dragón salvando a la princesa. La ciudad, admirada, renunció al paganismo y adoptó entusiasmada la nueva fe.
Los teólogos cristianos se apresuran a decir que es una parábola, claro. Que el dragón representa la tentación, el Diablo, el paganismo y la idolatría, el caballo blanco la Iglesia triunfante y San Jorge es el creyente. Olvidando muy oportunamente los paralelismos que tiene esta historia con otra más antigua, y muy conocida en la época de Georgius: el rescate de la princesa etíope Andrómeda por parte de Perseo. Y si escarbamos un poco más  nos encontramos al dios Frigio Sabazio, representado habitualmente a caballo pisoteando una serpiente gigante.

¿Y lo de regalar un libro el 23 de abril, la fecha del santo? Desde 1995 es una celebración internacional promovida por la UNESCO, pero no hace referencia alguna a san Jorge, sino a la (mal) supuesta fecha de defunción de William Shakespeare y Miguel de Cervantes (que murió el 22 y fue enterrado el 23; mientras que Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano, que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano. Por si les consuela en esta fecha sí fallecieron los también escritores Inca Garcilaso de la Vega, William Wordsworth y Josep Pla. En Catalunya se practica ya desde 1930, instaurándose la tradición de regalar una rosa además de un libro. Hay varias explicaciones sobre esa costumbre. Yo me quedo con una mezcla de dos: En la Edad Media era costumbre en Barcelona el regalar rosas a las mujeres el 23 de abril ya que se celebraba, precisamente, la feria de la rosa. Y una rosa, por otro lado, es lo que se regalaba al trovador que ganase "els Jocs Florals", un certamen de poesía que se celebraba en Barcelona entre los siglos XIV y XV, imitando la más antigua tradición occitana que a su vez imitaba otra romana, en honor a la diosa Flora (y de ahí el nombre)
. También ayuda, para esto de las rosas, que para los catalanes el día de los enamorados sea el 23 de abril y no el 14 de febrero...

Próxima entrega: San Cristóbal (el ganapán)

lunes, 5 de septiembre de 2016

Los santos prohibidos. 2 (de 7) San Cucufato, el buscador.



Según la tradición, nació en Scillium, provincia romana de Cartago, en el año 270 (y por ello en algunas imágenes se le representa con la piel oscura o morena, fíjese qué cosas...). Hijo de familia pudiente, fue enviado junto con su hermano Félix a Cesarea de la Mauritania para recibir una sólida educación. La recibieron... pero también entraron en contacto con las enseñanzas cristianas, se convirtieron y se hicieron diáconos de la Iglesia. Partieron a ejercer apostolado en la península Ibérica, Félix a Gerona, Cucufato a Barcelona. Aparentemente era un simple mercader, que pronto se hizo famoso en la ciudad por sus muchas obras de caridad con los pobres y necesitados, y que en secreto predicaba el evangelio (esto sí que es  predicar con el ejemplo y no como otros que yo me sé). Delatado como cristiano, el prefecto de Barcelona, Galerio, quiso que se retractara de la fe en Cristo (con la popularidad del mercader, hubiera supuesto un mazazo importantísimo contra esa peligrosa secta de adoradores de un judío muerto). Para "convencerle" doce soldados, lo azotaron por turno desgarrándole las carnes. Finalmente lo ejecutaron abriéndole en canal y sacándole las tripas, dejándole agonizar. Esa noche los doce soldados se quedaron ciegos, y el prefecto, murió. No así Cucufato, que muy mañoso él se cosió de nuevo el vientre con un cordel.
El sustituto del prefecto se llamaba Maximiano, y era un hombre práctico: Lo que no había hecho el hierro, lo haría el fuego. Y ordenó que asaran a Cucufato a la parrilla, bien untado con vinagre y pimienta (que era carísima en aquellos tiempos, a saber de dónde la sacó). Una repentina ráfaga de viento, posiblemente soplo del Señor, apagó las llamas, no sin antes churruscar a los verdugos de Cucufato. ¿Y el prefecto Maximiano? Pues murió también, rodeado de llamas, mientras sacrificaba en el templo de Júpiter. Dicen que la estatua del dios se hizo pedazos simultáneamente...
El sustituto del sustituto de prefecto se llamaba Rufo, y se abstuvo de florituras: mandó llevar a Cucufato a un cuartel militar llamado Castrum Octavianum, cercano a la ciudad de Barcelona, y allí lo hizo degollar sin mayores ceremonias. Era el 25 de Julio del año 304. Donde se alzaba el cuartel se construyó con el tiempo un monasterio con el nombre del santo mártir, y alrededor de él una ciudad que llevó igualmente su nombre: San Cugat (Cucufato en catalán)

Históricamente el nombre de san Cucufato aparece por primera vez citado en el canto IV del Peristephanon, donde textualmente dice:  "Y tú, Barcelona, te levantarás confiada en el eximio San Cucufate". El autor, Prudencio, escribió el texto hacia el 380, y otros mártires que cita han demostrado ser históricos. De eso se basan algunos para afirmar que todos (Cucufato incluido) lo son también.
Sea como fuere a partir del siglo V ya existe una basílica con los restos del santo, que en el siglo VII se convirtió en monasterio, destruido por los musulmanes y reconstruido entre los siglos IX y XIV. Permaneció activo hasta 1835 y es visitable (y recomiendo la visita, la verdad). Se supone que las reliquias del santo que se guardaban en la arqueta (puede admirarse en el museo diocesano de Barcelona) no estaban completas:  Fulrado, abad del monasterio de San Denis, se procuró algunas (dicen que la cabeza) y las depositó en un monasterio fundado por él en Alsacia. Su nombre original era La Celle-de-FuIrad; pero se cambió entonces con el de San Cucufat.  En el año 835 el abad Hildnin hizo llevar estas reliquias a París, perdiéndose su pista
Algunas voces afirman poder detectar una devoción a San Cucufato por los alrededores de la capital gala. Se tiene constancia que en las proximidades de Rucil, en mitad del bosque, había un pequeño lago que ostentaba el nombre de Saint Cucufat o Quiquenfat., donde al parecer hubo una capilla dedicada al santo, de la que todavía en el siglo XVIII se conservaba la memoria, pues los del pueblo cercano hacían peregrinaciones hasta sus ruinas .

Lamentablemente, la edición de Nuevo Martirologio romano del año 2001 le quitó al pobre Cucufato su condición de santo. Se argumentó para ello que era un santo que ya no tenía devoción popular y que había que hacer limpieza pues la Iglesia tenía demasiados santos y beatos... Lo cual es cuanto menos paradójico teniendo en cuenta que el Papa Juan Pablo II elevó a los altares a más de 400 nuevos santos y más de 1.200 beatos...

Para identificar sus representaciones hay que fijarse en que suele llevar traje de mercader (aunque, como diácono, a veces aparece vestido de rojo), y aparte de la palma de martirio (señal que la palmo martirizado, y perdonen el juego de palabras) lleva un látigo (a veces un hacha) alusivos a su sufrimiento y muerte.

La cultura popular practica una forma de oración muy particular hacia este santo (que ya no lo es). Para recuperar un objeto que se ha extraviado hay que coger un trapo o pañuelo y hacerle un nudo en un extremo, entonando la salmodia: "San Cucufato los cojones te ato, y hasta que no aparezca lo perdido no te los desato”
El que estas líneas suscribe se lo vio hacer a su madre, aunque ella era devota de San Ramón Nonato. Supongo que para el caso...

Próxima entrega: San Jorge (el del dragón)