sábado, 16 de marzo de 2013

(Breve) Historia de la Prostitución 3: La prostitución griega (o el invento del burdel)


Se puede decir que la prostitución, tal y como la conocemos, nace en la muy culta, filosófica y siempre respetable Grecia: Para empezar “prostitución” procede del griego “porne”, del verbo “pernemi” (vender). Es decir, favores sexuales a cambio de dinero. El intercambio de antes, de ahora y de siempre.

¿No había en Grecia prostitución ritualizada por la religión? Claro que sí. En Sicilia, Chipre, el Ponto, la Capadocia… El caso más famoso se daba en el templo de Afrodita de Corinto,  donde esclavas consagrada a la diosa se entregaba a cambio de dinero a la clientela (marineros sobre todo, por cierto), como una manera de honrar a la divinidad. Más de lo mismo que ya vimos antes. Por si les interesa el dato, el “aspecto” de la diosa al que estaban consagradas era la “Aprodites Pandemo” (Afrodita de todos), patrona de las prostitutas, por cierto… El templo de Corinto llegó a tener más de mil esclavas sirviendo al placer en sus mejores tiempos, esclavas que eran entregadas al templo a modo de donación por los fieles agradecidos (a la manera de exvotos de hoy en día). Ha llegado hasta nuestros días un canto festivo que nos habla de un campeón olímpico, un tal Jenofonte, que en el siglo V aC entregó a la diosa de Corinto cien esclavas jóvenes en agradecimiento por haber ganado la carrera a pie y el pentatlón.

Pero la mayoría de las prostitutas eran laicas, es decir, que aparearse con ellas no tenía nada de religioso. Podían prostituirse tanto mujeres como hombres jóvenes, siendo su clientela (que se sepa) sobre todo masculina (las mujeres, ya se sabe, siempre han sido mucho más discretas que sus maridos). Mientras que la prostitución femenina abarcó mujeres de todas las edades, en Grecia sólo los adolescentes eran considerados aptos para prostituirse. (En concreto, desde la pubertad hasta que empezaba a salirles barba). Algunos tenían clientela femenina, pero en su mayoría satisfacían los gustos homosexuales de sus clientes. Cosa que no estaba en absoluto mal vista. Fue célebre en su día Felón de Elis, un muchacho del que se encaprichó el mismísimo Sócrates… que se lo encontró nada menos que en un burdel… Llegó a ser uno de sus discípulos favoritos, y estuvo con él hasta su muerte.
Y hablando de prostitución homosexual, Platón y Luciano mencionan a un tipo de prostitutas, las “hetairístriai”, especializadas en satisfacer únicamente a mujeres.

No se me imaginen que ser prostituta (o prostituto) no era considerado algo degradante y vergonzoso: Se consideraba que era algo que realizaban los pobres por necesidad, esclavos y siempre, extranjeros. O no griegos, o griegos de otro sitio. Ninguna polei pasó por la vergüenza de albergar una prostituta oriunda de sus mismas calles. Si se hubiera dado el caso, posiblemente la hubieran lapidado.
Por ello se dan rasgos de diferenciación social con el colectivo: En Grecia las prostitutas visten de una manera diferente, para ser diferenciadas de las mujeres “honradas”. En el templo tienen un lugar reservado, aparte de los demás. En algunas polei hasta se las enterraba aparte. Además, quien ha ejercido la prostitución pierde sus derechos cívicos, y no puede ejercer cargo público alguno, lo que en sitios como Atenas era algo muy, muy grave.

Eso sí, estaban obligadas a pagar impuestos… (Ya dije que los griegos podían ser mojigatos, pero nunca fueron tontos). Irse con una prostituta no está mal visto, en cambio, tener sexo adúltero (con mujer libre soltera, no hablamos de las esclavas, que no son mujeres sino propiedades). Una moralina que se mantendrá hasta principios del siglo XX. Ya se sabe, las putas cargan con el pecado de su oficio, y también con el pecado del cliente, que para eso cobran…

Y era precisamente el pago por sus servicios lo que diferenciaba a las diversas prostitutas:

Las más baratas eran las pornai, esclavas propiedad de un pornoboskós o proxeneta (que se traduce como “pastor de prostitutas”). Originalmente eran esclavas de origen bárbaro, es decir, no griegas. Más tarde se incorporarían al “gremio” mujeres de origen helénico, pero siempre esclavas. Con éste tipo de “material” fue con el que el estadista Solón fundó en el siglo VI aC el primer burdel de la historia, en su ciudad, Atenas. Los beneficios obtenidos por el mismo sanearon las maltrechas arcas municipales, aunque Solón reservó una parte para construir un templo… evidentemente, consagrado a “Aprodites Pandemo”, que es de bien nacido ser agradecido, y todo eso… Los prostíbulos estaban situados sobre todo en la zona portuaria de las ciudades, (o en barrios alejados si la ciudad no era costera) ya que su clientela eran marineros, forasteros de paso y ciudadanos pobres. Se cobraba por un servicio el equivalente a medio jornal diario de un trabajador no cualificado: Un óbolo (la sexta parte de un dracma). En los prostíbulos, por cierto, no estaba permitido que la mercancía animara al cliente a que usara el producto: Toda iniciativa tenía que venir del pagador, nunca de la prostituta. (Supongo que para que no hubiera malos entendidos)

En las calles estaban las khamaítypos (“la que golpea la tierra”, ya que aliviaban al cliente en cualquier callejón o en el mismo suelo). Menos despectivo era llamarlas “prostitutas libres” ya que lo eran, pues eran mujeres no esclavas, es decir, sin proxeneta que las chuleara. Se maquillaban la tez muy blanca con albayalde y se colorean los labios y las mejillas con zumo de mora. Han de estar censadas y pagar impuestos, por cierto… Su precio es variable, pero superior a las pornai: Suele rondar los cuatro o cinco dracmas.
Dentro de la clase de prostitutas no esclavas pueden englobarse también las auletrides (bailarinas y músicos), que dentro del precio del entretenimiento para los banquetes masculinos incluyen tanto sus habilidades musicales como amatorias. Muchachas vírgenes muy hermosas podían prostituirse una única vez en su vida para vender su virginidad: El precio de tal privilegio solía ser de 1 mina (100 dracmas)

En la cúspide social de las prostitutas griegas se encuentran las heteras, cortesanas de lujo comparables, en cierta medida, con las geishas japonesas: Gozan de una educación avanzada y son capaces de dialogar en términos de igualdad con los hombres, tener bienes propios y administrarlos ellas mismas. Cosas impensables para cualquier otro tipo de mujer en la Grecia clásica (bueno, excepto las espartanas y las lésbicas, pero esas, son de comer aparte). Las Heteras o hetairas (cuyo nombre ya lo dice todo, pues se traduce por “compañía”) cobraban cifras exorbitantes que sólo la más selecta compañía podía pagar: Según Aulo Gelio, el precio podía llegar a los 10.000 dracmas por una sola noche.
Hubo cortesanas famosas y muy respetadas: Las más conocidas son Aspasia, que fue amante del célebre Pericles; y Teódota, que aparece en un diálogo de Platón dándole la réplica al mismísimo Sócrates.

Sólo Esparta, de entre todas las polei de Grecia, se enorgullecía de no tener ninguna prostituta dentro de sus fronteras. Sus envidiosos vecinos decían que era lógico, teniendo en cuenta que los espartanos preferían la compañía de un compañero de armas a la de una mujer, ya fuera propia o ajena, gratis o de pago.  

Próxima entrega: La práctica y reglamentada prostitución en Roma.


6 comentarios:

  1. ¿Has dicho Falón de Elis el muchacho del que se encaprichó el mismísimo Sócrates...? imagino porqué con ese nombre! :P

    Muy interesante Ricard, si señor.

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  2. No sé por qué, pero leyendo esta maravilla de artículos estoy imaginando que pronto saldrán por aquí las Sprintias? :D
    Cómo me alegro de haber dado con este blog de mi admirado Ricard. Saludos

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