lunes, 5 de septiembre de 2016

Los santos prohibidos. 2 (de 7) San Cucufato, el buscador.



Según la tradición, nació en Scillium, provincia romana de Cartago, en el año 270 (y por ello en algunas imágenes se le representa con la piel oscura o morena, fíjese qué cosas...). Hijo de familia pudiente, fue enviado junto con su hermano Félix a Cesarea de la Mauritania para recibir una sólida educación. La recibieron... pero también entraron en contacto con las enseñanzas cristianas, se convirtieron y se hicieron diáconos de la Iglesia. Partieron a ejercer apostolado en la península Ibérica, Félix a Gerona, Cucufato a Barcelona. Aparentemente era un simple mercader, que pronto se hizo famoso en la ciudad por sus muchas obras de caridad con los pobres y necesitados, y que en secreto predicaba el evangelio (esto sí que es  predicar con el ejemplo y no como otros que yo me sé). Delatado como cristiano, el prefecto de Barcelona, Galerio, quiso que se retractara de la fe en Cristo (con la popularidad del mercader, hubiera supuesto un mazazo importantísimo contra esa peligrosa secta de adoradores de un judío muerto). Para "convencerle" doce soldados, lo azotaron por turno desgarrándole las carnes. Finalmente lo ejecutaron abriéndole en canal y sacándole las tripas, dejándole agonizar. Esa noche los doce soldados se quedaron ciegos, y el prefecto, murió. No así Cucufato, que muy mañoso él se cosió de nuevo el vientre con un cordel.
El sustituto del prefecto se llamaba Maximiano, y era un hombre práctico: Lo que no había hecho el hierro, lo haría el fuego. Y ordenó que asaran a Cucufato a la parrilla, bien untado con vinagre y pimienta (que era carísima en aquellos tiempos, a saber de dónde la sacó). Una repentina ráfaga de viento, posiblemente soplo del Señor, apagó las llamas, no sin antes churruscar a los verdugos de Cucufato. ¿Y el prefecto Maximiano? Pues murió también, rodeado de llamas, mientras sacrificaba en el templo de Júpiter. Dicen que la estatua del dios se hizo pedazos simultáneamente...
El sustituto del sustituto de prefecto se llamaba Rufo, y se abstuvo de florituras: mandó llevar a Cucufato a un cuartel militar llamado Castrum Octavianum, cercano a la ciudad de Barcelona, y allí lo hizo degollar sin mayores ceremonias. Era el 25 de Julio del año 304. Donde se alzaba el cuartel se construyó con el tiempo un monasterio con el nombre del santo mártir, y alrededor de él una ciudad que llevó igualmente su nombre: San Cugat (Cucufato en catalán)

Históricamente el nombre de san Cucufato aparece por primera vez citado en el canto IV del Peristephanon, donde textualmente dice:  "Y tú, Barcelona, te levantarás confiada en el eximio San Cucufate". El autor, Prudencio, escribió el texto hacia el 380, y otros mártires que cita han demostrado ser históricos. De eso se basan algunos para afirmar que todos (Cucufato incluido) lo son también.
Sea como fuere a partir del siglo V ya existe una basílica con los restos del santo, que en el siglo VII se convirtió en monasterio, destruido por los musulmanes y reconstruido entre los siglos IX y XIV. Permaneció activo hasta 1835 y es visitable (y recomiendo la visita, la verdad). Se supone que las reliquias del santo que se guardaban en la arqueta (puede admirarse en el museo diocesano de Barcelona) no estaban completas:  Fulrado, abad del monasterio de San Denis, se procuró algunas (dicen que la cabeza) y las depositó en un monasterio fundado por él en Alsacia. Su nombre original era La Celle-de-FuIrad; pero se cambió entonces con el de San Cucufat.  En el año 835 el abad Hildnin hizo llevar estas reliquias a París, perdiéndose su pista
Algunas voces afirman poder detectar una devoción a San Cucufato por los alrededores de la capital gala. Se tiene constancia que en las proximidades de Rucil, en mitad del bosque, había un pequeño lago que ostentaba el nombre de Saint Cucufat o Quiquenfat., donde al parecer hubo una capilla dedicada al santo, de la que todavía en el siglo XVIII se conservaba la memoria, pues los del pueblo cercano hacían peregrinaciones hasta sus ruinas .

Lamentablemente, la edición de Nuevo Martirologio romano del año 2001 le quitó al pobre Cucufato su condición de santo. Se argumentó para ello que era un santo que ya no tenía devoción popular y que había que hacer limpieza pues la Iglesia tenía demasiados santos y beatos... Lo cual es cuanto menos paradójico teniendo en cuenta que el Papa Juan Pablo II elevó a los altares a más de 400 nuevos santos y más de 1.200 beatos...

Para identificar sus representaciones hay que fijarse en que suele llevar traje de mercader (aunque, como diácono, a veces aparece vestido de rojo), y aparte de la palma de martirio (señal que la palmo martirizado, y perdonen el juego de palabras) lleva un látigo (a veces un hacha) alusivos a su sufrimiento y muerte.

La cultura popular practica una forma de oración muy particular hacia este santo (que ya no lo es). Para recuperar un objeto que se ha extraviado hay que coger un trapo o pañuelo y hacerle un nudo en un extremo, entonando la salmodia: "San Cucufato los cojones te ato, y hasta que no aparezca lo perdido no te los desato”
El que estas líneas suscribe se lo vio hacer a su madre, aunque ella era devota de San Ramón Nonato. Supongo que para el caso...

Próxima entrega: San Jorge (el del dragón)




No hay comentarios:

Publicar un comentario