jueves, 3 de noviembre de 2016

Los santos prohibidos.4 (de 7) San Cristóbal, el ganapán.



Según la tradición fue en vida un cananeo llamado Reprobus (según otros, Offerus), un gigante de más de dos metros de altura (cinco codos, dos metros treinta centímetros exactamente). No se me asombren por la altura, que el filisteo Goliat era aún más alto, seis codos y un palmo (2´90 metros, poca broma). Con menos datos los del canal Historia montan una serie sobre gigantes alienígenas... Mmmm (Señores del canal, pónganse en contacto conmigo como asesor, soy barato, guiño-guiño, codazo-codazo)
Bueno, a lo que íbamos. Reprobus (u Offerus, que tanto monta) quiso poner su enorme fuerza al servicio del rey más poderoso de la tierra. Al principio, el de su patria, Canaán. Pero al saber que le tenía miedo al Diablo pensó que éste sería un amo más poderoso, y se puso a servir a un brujo adorador del Maligno. El brujo cometió la indiscreción de confesarle que nada podía hacer contra Cristo y sus seguidores, así que el voluble gigante mudó de nuevo de lealtades y se acercó a un santo ermitaño, a que le instruyera sobre cómo servir a ese Cristo que era tan poderoso incluso después de muerto. El ermitaño le habló de ayuno y oración, pero al gigantón eso no le iba, así que le propuso servir a los demás de manera altruista. Sin duda eso agradaría al Hijo de Dios. Así que el futuro san Cristóbal se dedicó a ayudar a la gente a cruzar un peligroso río, tan profundo y de aguas tan turbulentas que muchos de los que lo intentaban morían ahogados.  Un día cruzó a un niño de pocos años, y le pareció la carga más pesada de todas, tanto que pese a su enorme fuerza tuvo que ayudarse desgajando un árbol y usándolo como cayado. Pues el niño no era otro que Cristo, y era tan pesado porque con él cargaba con todo el peso del mundo, ya que como Dios lo había creado... No me digan que no han oído la historia, pues es la parte más conocida de la leyenda del santo. El gigante se cambió el nombre a Cristóbal (en griego, "Christóforos" portador de Cristo), fue bautizado como tal en Antioquía y se puso a predicar por Licia (en  Asia Menor, actualmente la región corresponde a las provincias turcas de Antalya y Muğla). Esto no le hizo ninguna gracia al rey local, un tal Dagón, temeroso de enemistarse con la poderosa Roma y su política anti cristiana. Al principio trató de reconvertir al gigante llevándolo por el mal camino, y para ello hizo que le llevaran a dos rameras bellísimas y muy expertas en esto de darle gustito al cuerpo, Niceta y Aquilina que se llamaban. Pero el santurrón de Cristóbal no sólo no quiso saber nada de ellas a ese nivel, sino que las convirtió al cristianismo, al igual que estaba haciendo con buena parte de la población. Así que al rey Dagón no le quedo otra que cortar por lo sano y mandar cortarle la cabeza al gigantón (después de que cuatrocientos soldados le dispararan flechas sin matarle, menos broma) el 25 de julio (según los católicos, los ortodoxos dicen que no, que fue el 9 de mayo, y los mozárabes decían que ni unos ni otros, que el 10 de julio).

Históricamente se supone que vivió a mediados del siglo III o inicios del IV. La culpa la tiene una primitiva referencia que indica "que fue martirizado en tiempos del emperador Decian", con lo cual los candidatos son dos: Decio (Decius) que gobernó Roma entre 249 y 251 y Daciano (Dacianus) que lo hizo  entre 308 y 313. Historiadores más o menos serios apuntan a que en realidad se trata de un santo de rigurosa historicidad, Menas de Alejandría, que fue martirizado el 11 de noviembre del 309. Parte de sus seguidores le conocían como "el Christóforos", ya que les traía a Cristo (bueno, más bien su palabra)  ¿Y lo de cruzar el río con el Niño Jesús y tal y pascual? Bueno, como cuento es bonito, pero no muy original: En el mito del vellocino de oro el argonauta Jasón lleva a una anciana a través de un río tumultuoso. La anciana pesa bastante más de lo que debería ya que no es otra que la diosa Hera. Al revelar su verdadera identidad el héroe se pone al servicio de la diosa, evidentemente.




El culto a Cristóbal se inició en Oriente, no llegando a Europa occidental hasta la Baja Edad Media, y de hecho no entra en el santoral romano hasta 1550, pese a que su leyenda era de sobras conocida. Ese fue el motivo que señaló  el Vaticano para apearlo del santoral en 1970: se argumentó que la tradición del santo no era romana y que se había implantado de manera parcial (dejando así huérfanos de santo a los Cristóbales de este mundo, que son unos cuantos)

Es fácil reconocerlo en las representaciones iconográficas, ya que casi siempre es representado llevando un niño sobre el hombro, que es, evidentemente, el niño Jesús. En las escasas imágenes en las que no está por la faena, fíjense si la figura lleva una rueda de molino así, como si tal cosa, o el tronco de una palmera a modo de cayado. También (aunque ya es muy rarísimo) puede aparecer con la palma del martirio, pues mártir es. Hay tradición de representarlo en las iglesias cerca de la puerta lateral derecha. Lo apunta el bueno de Juan Eslava Galán y si el viejo profesor lo dice yo me lo creo.

Como protector que es de transportistas y viajeros en general (otro patronazgo que comparte con san Menas, que lo es en la tradición copta) es costumbre, o al menos lo fue muchos años, llevar una medallita del santo en el coche. Y en muchos lugares se bendice el coche (y, de hecho, todo vehículo con ruedas) el día de la festividad del santo. En mi ciudad, Barcelona, se hace antes, el 10 de julio, debido a la leyenda de que ese día el santo llega en barca y sube todas las Ramblas antes de desaparecer a la altura de la plaza Catalunya, con el niño Jesús a los hombros, evidentemente... Si tienen curiosidad, la ceremonia de bendición se realiza en la capilla de la calle Regomir, desde las 10 de la mañana hasta las 19.00. La tradición procede del año 1907, y es todo un espectáculo por la presencia de coches de época.

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